Desde 2005, cuando se produjeron víctimas mortales , no había vuelto a suceder, pero el pasado año se repitieron: intentos de cruzar la valla que separa Nador del territorio español de Melilla por parte de grupos numerosos de jóvenes subsharianos.
1.100 personas atendidas por heridas asociadas a la violencia por los equipos de MSF en 2012. Violencia directa, al ser repelidos por las fuerzas de seguridad en la valla misma; o indirecta, con heridas producidas al huir de los soldados y de las redadas policiales, más frecuentes. Resultado: fracturas de brazos, piernas, manos, mandíbulas, dientes rotos, conmociones cerebrales, pérdidas de visión…

Violencia en el Gurugú

En Nador se concentran dos poblaciones migratorias diferentes. Los que optan por la vía marítima y habitan los montes que coronan la ciudad, en el interior y los que habitan en el Gurugú. Estos últimos, sin dinero para ser atractivos a ninguna red de tráfico humano que se precie, ambicionan sólo que el próximo intento de salto a la valla de Melilla sea el de verdad. En el monte Gurugú, una atalaya desde la que se avista Melilla como a un paso, cientos de migrantes buscan repechos que les den cobijo, fogatas donde encontrar calor, plásticos sucios con los que protegerse de la lluvia. Pedir para comer, huir de la policía. Ansían alas.

Nador es bella, mediterránea. Una ciudad plácida, mar, montes de pinos y bosque bajo y una albufera, la Mar Chica, que el año próximo se convertirá en parte de un gran parque natural para atraer al turismo pajarero: en la albufera se refugian gaviotas mil, especies autóctonas y aves migratorias, flamencos entre ellas.

Un migrar diferente es el que buscan los que habitan en los montes que coronan Nador y los que sobreviven en el monte Gurugú. Son especies migratorias diferentes: los primeros optan por el mar y esperan, escondidos en los bosques (hombres, mujeres y niños) que los profesionales del tráfico humano les busquen un lugar en una patera abarrotada; los segundos, en el Gurugú, sin dinero para ser atractivos a ninguna red de tráfico que se precie, ambicionan sólo que el próximo intento de salto a la valla de Melilla sea el de verdad. Los del Gurugú, con la excepción de una única mujer, son todo hombres jóvenes. A la espera de alas.

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