Atrapados en Marruecos

Miles de migrantes subsaharianos se encuentran atrapados en Marruecos -fin de trayecto obligado, dique de contención para Europa-, indigentes, clandestinos, expuestos a toda clase de violencia.

MSF | Lali Cambra y Anna Surinyach
En Rabat, como en las principales ciudades del país, la población migrante se camufla con mayor facilidad, aunque siempre está presente el riesgo de detención, de deportación, de violencia. Muchas mujeres subsaharianas caen víctimas de redes de trata que las explotan sexualmente, en origen, en el camino o en destino.
Oujda es la primera ciudad que se encuentran la mayoría de migrantes subsaharianos, que llegan a Marruecos a través de Argelia. Es la ciudad a la que regresan cuando son deportados, expulsados a la frontera. Vuelta a la casilla de salida.
En Nador, viven en campamentos en los montes que rodean la ciudad, a la espera de que se les organice el viaje, traficado por mar. En el monte Gurugú, viven en campamentos improvisados, a la intemperie, a la espera de saltar la valla, con Melilla-España-Europa a la vista, inaccesible. Tan cerca y tan lejos.

Haz click en la ciudad para seguir el viaje de los migrantes.

01.

Rabat

Las proporciones exactas de la violencia sexual experimentada por hombres, mujeres y chicos y chicas migrantes subsaharianos durante su viaje son desconocidas. Imposibles de contabilizar en una población que busca pasar desapercibida y/o que está en manos de traficantes humanos. Sólo de 2010 a 2012 MSF ha tratado a 700 pacientes agredidos. El viaje a Marruecos representa, especialmente para las mujeres, un riesgo elevado, añadido en ocasiones a agresiones sufridas en sus países de origen.

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03.

Marie

“Nuestro viaje, no es un viaje como tal. Cuando estás sola, no tienes donde dormir, no conoces el país, estás expuesta”. Son las declaraciones de una mujer sin nombre real y sin cara, como todas las entrevistadas, que se hará llamar Marie, y que fue violada en cuatro ocasiones en su trayecto desde Camerún hasta llegar a Rabat. Quedó embarazada y acaba de dar a luz en la capital marroquí.

Marie, con 30 años, espera que su pequeño crezca un poco antes de arriesgarse a subirlo a una balsa de plástico que los lleve a Europa. Dejó en Camerún a una niña pequeña de la que no se podía hacer cargo y con la que no puede contactar, “porque no tengo dinero, nada que darle de lo que me pueda pedir”. Marie conserva las fuerzas y carga con un bebé no deseado que aprende a querer.

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04.

Beauty

Beauty se camufla con un pañuelo y habla el francés dulce de los marfileños. Salió de Costa de Marfil por la guerra, porque dice que su nombre estaba en una lista de los que apoyaron al presidente equivocado, vio cómo parte de su familia era asesinada. Dejó atrás a su pequeña, al cuidado del padre, no marcado políticamente. Tiene 32 años. La violaron en Argelia en dos ocasiones: por dos camerunenses en Tamanrasset y por argelinos en Maghnia, cerca de la frontera con Marruecos.

Contrajo el VIH, que se hizo llegar acompañado de tuberculosis y fue finalmente en Rabat donde se le procuró asistencia médica y psicológica por MSF.

Espera recuperarse, “si no me han matado en mi país, en el camino, si esta enfermedad no me ha matado, es que Dios quiere que todavía viva para algo” y poder llegar a Europa. No puede regresar a su país y no quiere estar en un país, Marruecos, donde no hay trabajo, donde dice que no se le acepta.

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05.

Gala

El caso de Gala es diferente. Tiene 52 años y es viuda. Ha viajado con sus tres hijas a Rabat. Sus problemas se originaron en su país, la República Democrática del Congo (RDC), en Beni, en Kivu Norte. La violaron un grupo de siete soldados repetidas veces. Pero había conseguido esconder a sus pequeñas. Sacude la cabeza cuando lee nuevas de la región, siempre convulsa.

Explica que se fue del país para evitar la amenaza de violación a sus hijas, “en RDC no puedes dormir tranquilo, si no es en tu casa, es en la del vecino”. Pero en el viaje, entre Mali y Argelia, su hija mayor (23 años) fue violada por soldados. En Rabat ha sabido que es seropositiva. No sabe a dónde ir, no huyó para acabar en Marruecos. Sólo huía.

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01.

Oujda

El miedo a la deportación es una constante. Oujda es vieja conocida por los migrantes subsaharianos. La gran mayoría de ellos llega a través de Argelia y Oujda es la ciudad de recepción, de entrada. También a la que regresan cuando las fuerzas de seguridad marroquíes los expulsan del país. Generalmente en grupos de veinte o treinta. A veces, heridos, a veces, menores.

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02.

En tierra de nadie

Cuando los deportan, los dejan en tierra de nadie, son repelidos por los argelinos y ellos regresan a pie a Oujda, cinco horas de camino, veinte horas de camino, dependiendo de dónde sean abandonados y de si conocen por dónde salir del desierto.

En Oujda se han instalado en terrenos de la universidad y también en los montes de las afueras. Se organizan por comunidades, Ghana, Mali, Camerún, Guinea. Oujda es ciudad de entrada, de salida y también de reposo, de coger fuerzas, de curarse las heridas (si han sido deportados desde Nador, repelidos mediante fuerza bruta en el intento de saltar la valla a Melilla, en Oujda pueden tratarse en centros de salud públicos), de esperar a que llegue la estación del año adecuada y la meteorología facilite el paso por mar. Sin poder trabajar por no disponer de papeles, se ven condenados a la mendicidad.

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03.

Menores y mendigos

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Menores en Marruecos

No son una excepción. Chavales de entre trece y dieciocho años que llegan a Marruecos solos o acompañando a hermanos o a primos mayores. Huyen de la pobreza, sin padres o familias que les ayuden, sueñan lo mismo que el resto: llegar a Europa, jugar al fútbol (los sueños, sueños son), seguir estudiando, conseguir un trabajo. Como el resto de los migrantes, viven a la intemperie y su supervivencia depende de la caridad de los marroquíes.

La mendicidad



Hacer el salam, mendigar. Es a lo que se ven abocados la gran mayoría de los migrantes subsaharianos en Marruecos que, clandestinos, no pueden buscar trabajo. Es una de sus quejas más comunes. Adultos y niños, hombres y mujeres. A las puertas de las mezquitas, en los mercados, en los semáforos. Es una de las caras más de la vulnerabilidad en la que viven los migrantes, condenados a mendigar porque las políticas migratorias establecidas los ilegalizan, los marginan. En los mercados, los subsaharianos se han especializado en pedir y en buscar en las basuras las cabezas y las patas de los pollos, la piel del cordero. La población marroquí no está habituada a comerlos. Lo complementan con tomates excesivamente maduros encontrados en la basura o con algo de arroz si entre todos consiguen hacer un fondo común.

01.

Nador

Desde 2005, cuando se produjeron víctimas mortales , no había vuelto a suceder, pero el pasado año se repitieron: intentos de cruzar la valla que separa Nador del territorio español de Melilla por parte de grupos numerosos de jóvenes subsharianos.

1.100 personas atendidas por heridas asociadas a la violencia por los equipos de MSF en 2012. Violencia directa, al ser repelidos por las fuerzas de seguridad en la valla misma; o indirecta, con heridas producidas al huir de los soldados y de las redadas policiales, más frecuentes. Resultado: fracturas de brazos, piernas, manos, mandíbulas, dientes rotos, conmociones cerebrales, pérdidas de visión...

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02.

Violencia en el Gurugú

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En Nador se concentran dos poblaciones migratorias diferentes. Los que optan por la vía marítima y habitan los montes que coronan la ciudad, en el interior y los que habitan en el Gurugú. Estos últimos, sin dinero para ser atractivos a ninguna red de tráfico humano que se precie, ambicionan sólo que el próximo intento de salto a la valla de Melilla sea el de verdad. En el monte Gurugú, una atalaya desde la que se avista Melilla como a un paso, cientos de migrantes buscan repechos que les den cobijo, fogatas donde encontrar calor, plásticos sucios con los que protegerse de la lluvia. Pedir para comer, huir de la policía. Ansían alas.

Nador es bella, mediterránea. Una ciudad plácida, mar, montes de pinos y bosque bajo y una albufera, la Mar Chica, que el año próximo se convertirá en parte de un gran parque natural para atraer al turismo pajarero: en la albufera se refugian gaviotas mil, especies autóctonas y aves migratorias, flamencos entre ellas.

Un migrar diferente es el que buscan los que habitan en los montes que coronan Nador y los que sobreviven en el monte Gurugú. Son especies migratorias diferentes: los primeros optan por el mar y esperan, escondidos en los bosques (hombres, mujeres y niños) que los profesionales del tráfico humano les busquen un lugar en una patera abarrotada; los segundos, en el Gurugú, sin dinero para ser atractivos a ninguna red de tráfico que se precie, ambicionan sólo que el próximo intento de salto a la valla de Melilla sea el de verdad. Los del Gurugú, con la excepción de una única mujer, son todo hombres jóvenes. A la espera de alas.

03.

Cruzar el mar

En el otro lado de Nador, en el interior, el perfil de los migrantes que optan por cruzar por mar es diferente, con muchas más mujeres, muchas embarazadas y no son menos los niños. Los campamentos se organizan por nacionalidades y por lengua (anglófonos a un lado, francófonos al otro). Hay orden en el caos, muestra de que hay alguien que manda, alguien que controla, alguien que facilita el paso del Estrecho. Las condiciones de vida, aún así, no son mejor que en el Gurugú: plásticos con los que apenas hacer una tienducha de campaña, falta de comida, falta de agua, mendigar.Y el miedo al mar, a la muerte. Y, pese al riesgo, el empeño por llegar a Europa, los sueños.

Prince, de Camerún, con 20 años tiene dos: trabajar en un restaurante en Bilbao y el sueño-sueño, cantar en un cabaret en París. Prince, en Marruecos, canta canciones de su compatriota Richard Bona que hablan de la belleza de la vejez. Prince espera un lugar en una balsa.

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01.

Informe

MSF ha publicado un informe sobre los migrantes subsaharianos, sus condiciones de vida y la violencia que sufren en el que se incluyen recomendaciones a los gobiernos marroquí y español.

  • Puedes ver el informe aquí. 
  • Puedes ver las recomendaciones aquí.
  • Y los informes de 2005 y 2010
  • Puedes ver el informe médico de 2013 aquí.
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