En el otro lado de Nador, en el interior, el perfil de los migrantes que optan por cruzar por mar es diferente, con muchas más mujeres, muchas embarazadas y no son menos los niños. Los campamentos se organizan por nacionalidades y por lengua (anglófonos a un lado, francófonos al otro). Hay orden en el caos, muestra de que hay alguien que manda, alguien que controla, alguien que facilita el paso del Estrecho. Las condiciones de vida, aún así, no son mejor que en el Gurugú: plásticos con los que apenas hacer una tienducha de campaña, falta de comida, falta de agua, mendigar.Y el miedo al mar, a la muerte. Y, pese al riesgo, el empeño por llegar a Europa, los sueños.
Prince, de Camerún, con 20 años tiene dos: trabajar en un restaurante en Bilbao y el sueño-sueño, cantar en un cabaret en París. Prince, en Marruecos, canta canciones de su compatriota Richard Bona que hablan de la belleza de la vejez. Prince espera un lugar en una balsa.